Desafíos – Septiembre 2013 – Mirando a la Plaza de Mayo

Por Alejandro Marchionna

Leyes que se anuncian en un atril y son publicadas en el Boletín Oficial tres semanas después. Mercados autoregulados durante ciento cincuenta años que de golpe sufren la furia legislativa y cambian su naturaleza. Impuestos que surgen como compensación por un mal diseñado ajuste de la imposición a los salarios – sin tocar el código impositivo y generando nuevas distorsiones ante los autónomos. Balances que no se pueden ajustar ya que cuesta desde el atril admitir la fantasía de la inflación baja. Ni hablar de tarifas y precios congelados, de las DJAI nuestras de cada día…

Indudablemente son condiciones duras para ejercer la actividad empresaria con la seriedad y la visión de largo plazo que cada vez resultan más necesarios en la economía del siglo XXI. Más aún cuando a nuestro alrededor países a los que un argentino miraba con sorna hoy superan a la Argentina en su credibilidad regional y mundial. La tentación más fuerte es de levantar los brazos y decir por la enésima vez que no se puede operar con semejante inseguridad jurídica y normativa.

Sería difícil de pensar que ese es el efecto buscado, pero es claramente el efecto más comúnmente logrado. Sin embargo, como el boxeador fuertemente castigado, debemos seguir adelante con el empeño que indudablemente tuvieron nuestros antepasados al construir el marco de crecimiento social y económico durante 80 años, ese proceso que aún hoy admira a los historiadores y a quienes conocen nuestro país. Se lo debemos a nuestra sociedad actual y a nuestra posteridad.

Pero también es la realización de nuestra vocación de empresarios. Estamos para emprender, para llevar adelante nuestras ideas de negocios y agregar valor – en toda circunstancia. Se lo debemos a nuestros clientes, a nuestros empleados, a nuestros inversores. El desafío es permanecer firmes en el timón ajustando el rumbo cuando la tormenta así lo aconseje – para llegar a puerto.

Como nuestros primos italianos trabajan sin mirar a Roma, nosotros deberíamos dejar de mirar hacia la Plaza de Mayo…

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