El Barco Fantasma

Por Alejandro Marchionna

Formular escenarios es generalmente un ejercicio apasionante, quizás uno de los más interesantes aspectos del pensamiento estratégico. En un newsletter reciente hemos explorado juntos el escenario Kutusov. Hoy sería bueno continuar el ejercicio con un escenario alternativo insinuado por hechos recientes.

Una leyenda del norte de Europa habla del “Holandés Errante”, barco fantasma que no pudo volver a puerto, condenado a vagar para siempre por los océanos del mundo. Este barco de velas es siempre percibido en la distancia, a veces resplandeciente con una luz fantasmal. Si otro barco lo saluda, su tripulación tratará de hacer llegar sus mensajes a tierra, a personas muertas siglos atrás. En su ópera “El Holandés Errante” Richard Wagner adapta una historia de la literatura alemana en la que al capitán del barco cada siete años (bueno, esta era la duración del período presidencial original de la V República en Francia…) se le concede la posibilidad de bajar a tierra en busca de un amor puro que lo salve a través de su muerte de vagar indefinidamente por los mares.

Hay deliciosos e irónicos paralelismos posibles con la situación actual de la Argentina, pero tomemos el núcleo de la historia – el barco tripulado por manos invisibles y su enigmático capitán – para enunciar un nuevo escenario con impacto en el planeamiento estratégico de nuestras empresas. Terapia cognitiva de por medio y quizás con la perspectiva de un encuentro cercano con la muerte, a nuestra versión argentina del capitán holandés se la encuentra con una voluntad más moderada y quizás con una disposición más volátil y menos determinada que en el pasado.

En nuestro escenario los tripulantes son el gabinete que están allí pero nadie ve, cuyas manos invisibles manipulan las velas de la sociedad y la economía sin que se perciban concretamente sus acciones. Comandados por un capitán cuya única salida es vagar por los mares ante la imposibilidad de una solución verdadera a los problemas a los que su propio dogmatismo han llevado a su gobierno. Y así la década iniciada con las ínfulas del huracán N se diluye en dos años de calma chicha sin decisiones fundamentales pero interrumpidas por tormentosos relapsos del capitán en caprichos y rabietas que ponen en riesgo su salud… y la estabilidad del barco.

No hagan olas, podría haber sido un título posible. Pero eso representaría en sí mismo una voluntad de calma que no es el motor de este escenario. El barco fantasma da miedo y puede tomar represalias sobre quienes dudan de su existencia o cuestionan su rumbo. Rumbo que no conocen ni sus propios tripulantes ni el propio capitán, ya entregado a la contemplación de una eterna divagación dialéctica. ¿Qué impacto para nuestros planes y proyectos?

Así como el exceso de intervención del Estado genera problemas, el escenario del Holandés Errante nos sumerge en la indefinición, en la no solución de graves desequilibrios, en la enorme presión tributaria dilapidada, en la arbitrariedad y el aleamiento de soluciones racionales. ¿Qué impacto para nuesros planes y proyectos?

Ninguna empresa en sus cabales puede ignorar ni este escenario ni los anteriores….

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