Convertir la crisis en oportunidad

Por Christian Joanidis

El título podría referirse al ya gastado doble significado del ideograma chino… y tiene una íntima relación con los muchos escenarios que el lector fiel de este blog puede venir leyendo en los últimos meses.
Pero este es precisamente uno de esos momentos en que planificar se convierte en una necesidad, no un lujo para empresarios noruegos: pero en la Argentina hay un déficit importante de planificación, desde el gobierno hasta el último empleado de una PyME. Generalmente se suele aducir que en un ambiente inestable y cambiante como el de la Argentina, planificar no tiene sentido: nada más falso que esto.

Justamente en los momentos de mayor incertidumbre, siempre es mejor pensar de antemano qué vamos a hacer. Planificar no implicar preparar un documento esclerotizado o grabado en piedra. Un buen plan puede tener un bajo nivel de detalle cuando se comienza a implementar y su construcción se va haciendo en función de la flexibilidad a la que obliga el cambio del entorno y las circunstancias – esto significa que un plan de este tipo es precisamente la herramienta que más conviene a una empresa que navega en la Argentina.

Trabajar en armar un plan clarifica nuestras ideas y nos permite pensar alternativas con la anticipación necesaria para ponerlas en práctica. La improvisación nos deja sin margen para actuar, acota nuestras posibilidades y recorta los caminos: los cambios más importantes requieren un tiempo importante para llevarse adelante, por eso pensarlos con la anticipación necesaria viabiliza su implementación.

Al comenzar el año, todos tenemos más energía, las vacaciones nos han renovado y la organización es más permeable a pensar en el año que vendrá, antes de que empiece a sobrepasarnos la urgencia del día a día. Hoy, febrero de 2014, es el momento de planificar, de pensar qué hará nuestra organización en un año de transición como es este: los cambios llegan sin aviso, y siempre resulta mejor estar preparados para afrontarlos habiendo generado alternativas de acción ante posibles escenarios.

En una situación de crisis y falta de certezas como la que vivimos hoy el plan tiene además una ventaja adicional: nos permite descubrir las oportunidades que se generan en el entorno. Todo proceso de planificación encierra en sí mismo una reflexión muy profunda sobre la realidad actual. Esta reflexión permite también detectar las oportunidades, incluirlas en el plan y estar preparados para ejecutarlas en el momento justo.
Es importante entender que toda planificación es específica de cada organización o equipo y no es replicable. Sin embargo existen algunos rasgos que pueden resultar comunes a algunos grupos. En el caso de las empresas productoras, donde el foco está en la materialización de un producto físico, el plan debe tener en cuenta la nueva paridad cambiaria que influye en mayor o menor medida a todos los costos, a la vez que debe proyectar la inflación que puede terminar de dispararse tras el cierre de las paritarias.

Las empresas de servicios, por otro lado deben contemplar fundamentalmente el incremento de sus costos tras los nuevos acuerdos salariales. En ambos casos, la contracción del mercado interno, que ya se está palpando, estará entre las variables que más afectarán a los distintos negocios.

Las oportunidades siempre van a estar, incluso en situaciones como las que se está desarrollando, la cuestión es estar alerta y ser el primero en aprovecharlas. Convertir esta crisis en oportunidad es un camino que hay que empezar a recorrer y el primer paso es reunirse con su equipo de trabajo y empezar a planificar.

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