Predisposición para el cambio

Por Christian Joanidis

Los cambios son necesarios, eso es una certeza: sobre todo cuando los tiempos aciagos se aproximan. Pero muchas veces la necesidad no va de la mano de la capacidad. El hecho de que queramos cambiar no significa que tengamos la posibilidad de hacerlo. ¿Significa esto que estamos condenados?

Analizar la situación actual, llegar a un diagnóstico y a partir de allí sugerir una solución óptima, parece el camino más lógico a recorrer. Sin embargo, es la forma más segura de que nada cambie, porque lo más probable es que esa solución óptima no pueda ser nunca implementada. No debemos olvidarnos que las organizaciones están formadas por personas y son justamente las personas las que deben cambiar e implementar el cambio que se diseña. Entonces surge la pregunta natural: ¿están todos preparados para llevar adelante este cambio?

Cuando mis alumnos suelen hacer presentaciones, la primera vez suelo hacerles correcciones y en la segunda les hago nuevas correcciones. ¿Por qué hacerlo en dos partes si me di cuenta de todo lo que estaba mal la primera vez? Porque creo que el aprendizaje rara vez se da de manera completa y acabada, sino que se hace de forma paulatina: son necesarios varios peldaños para construir una escalera, aunque el camino más lineal sea el de una rampa. Cuando hago las correcciones la primera vez sólo les corrijo a mis alumnos aquello que están preparados para comprender, no tiene sentido ir más lejos. Pero esta primera corrección les permite ahondar más en el tema de estudio y entonces en la segunda presentación han ampliado sus límites intelectuales y por lo tanto están preparados para una nueva tanda de correcciones.

Con las organizaciones sucede lo mismo. En lugar de apuntar directamente a la solución óptima es mejor pasar por sucesivas soluciones aproximadas que les permitan a las personas ir ampliando sus límites intelectuales y así prepararlas para esa solución óptima que tanto anhelamos.

Y aquí entra el concepto de predisposición para el cambio. No se trata de una cuestión eminentemente actitudinal, la predisposición no es aquello que las personas tiene ganas de hacer. Es un concepto mucho más amplio que apunta a entender si la organización está preparada para un determinado cambio. Esta preparación tiene que ver con aspectos emocionales, pero también está vinculada a las capacidades. Es importante comprender que cuando se evalúa la predisposición para el cambio se hace para un cambio determinado, por lo que una organización puede no tener predisposición para este cambio, pero sí para otro. Si entrecruzamos los conceptos que estuvimos viendo hasta ahora, es posible comprender que la organización puede no estar bien predispuesta para la transformación que requiere la solución óptima, pero sí puede estarlo para aquella que requiere una primera solución aproximada.

Antes de encarar cualquier proyecto es necesario que evaluemos esta predisposición para el cambio. Si bien no se trata de algo preciso, es posible generar herramientas conceptuales que nos permitan comprender si el camino que queremos emprender es posible para nuestra organización. Existen varios aspectos del cambio que hay que evaluar y que estas herramientas pueden ayudar a dilucidar:

  • Vocación de las personas para el cambio
  • Capacidades específicas del negocio
  • Capacidades específicas para la gestión del cambio
  • Liderazgo
  • Cultura de la organización

 Con este análisis sólo estaremos en condiciones de decir si la organización es o no capaz de llevar adelante la transformación esperada, aunque también se podrán detectar dificultades que surgirán al momento de la implementación.

Si bien evaluar la predisposición para el cambio no nos asegura nada, es claramente el primer paso para poder entender si podremos concretar el cambio que estamos buscando. Es importante también aclarar que muchas organizaciones realizan esta evaluación de manera informal e intuitiva. Como siempre, las ventajas de poder formalizar este proceso de evaluación exceden con creces a los costos de hacerlo.

Concluir que la organización no está preparada para el cambio que queremos emprender no es una condena, sino todo lo contrario, porque es más sano darse cuenta de ello antes de comenzar con el proceso de transformación. Incluso al encontrar que un camino nos está vedado, entonces debemos buscar otro alternativo, entendiendo que no poder implementar una solución aproximada sólo quiere decir que debemos buscar una nueva y distinta solución que sí pueda ser puesta en marcha en nuestra organización.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s