Saber lo que hay que hacer

Por Ignacio Marchionna

Gran parte de las discusiones que se producen en cualquier ámbito podrían ser fácilmente evitables. Si observamos la relación de una pareja, es común escuchar a uno de los involucrados algo así como “yo creía que vos ibas a hacer x cosa”, pudiéndose reemplazar “x cosa” por múltiples alternativas diferentes, tales como: “pasar a buscar a los chicos por el colegio”, “acompañarme el sábado a la comida con mis padres”, entre muchas otras. Lo mismo ocurre en una relación de amistad, entre padres e hijos, etc: en la vida personal es importante saber qué es lo que se espera que haga o sea el otro.

Y así como en la vida…también en el trabajo. Es frecuente y recomendable que en las organizaciones existan manuales de funciones donde se indica cuáles son las tareas y procesos que un determinado puesto debe seguir y cumplir. Más frecuente aún es que existan funciones no incluidas en dicho manual que también se espera que un empleado lleve a cabo, pudiendo ser éstas de carácter tácito o expresado por el jefe o empleador.

Pero la pregunta importante es si aquél de quien uno espera que haga tal o cual cosa lo sabe y, si es así, si se entiende como responsable de la misma. No alcanza con haberlo dicho o que el otro lo haya leído alguna vez: es absolutamente necesario que el otro sepa perfectamente que tiene que cumplirlo. Y en cuanto a lo tácito, más aún deben clarificarse los tantos.

Existe en todas las organizaciones la obsesión por encontrar culpables, pero al fin y al cabo la existencia de uno puede resultar de nimia importancia si las consecuencias del error son catastróficas. A nadie le importará si fue Fulano, Mengano o Zutano. Quien habrá fallado será la empresa y el cliente o inversor lo hará saber rápidamente de una manera simple pero contundente.

Y ahí ya no servirá reprocharle o incluso despedir a quien no estuvo a la altura de las expectativas porque el daño ya ha sido causado. En esto radica la vital importancia de que cada uno sepa qué es lo que debe hacer para su jefe o cliente: no porque así se tenga un responsable en caso de que se cometa un error, sino para que se logre lo que en inglés se llama “to have the job done”, es decir, tener el trabajo hecho.

Por supuesto que después existirá la posibilidad de que el responsable se equivoque en el desarrollo de la tarea. Pero el primer paso es que sepa que debe realizar esa tarea, algo que no ocurre muchas veces en la vida personal, y que es común que en las organizaciones tampoco ocurra. Entonces el responsable no es sólo quien debería haber realizado la tarea, sino también quien lidera, precisamente por no haber dejado clara  la función de cada uno de los miembros de su equipo.

 

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