¿Empleados Vs Empleadores?

 Por Ignacio Marchionna

Bajo una lluvia torrencial me encontré observando el interior de la obra de una ampliación de un casino. No ocurría nada fuera de lo común, pero luego de un rato uno de los obreros comenzó a hacer un movimiento por demás extraño para el ojo de alguien que poco sabe de ese trabajo y sus particularidades.

Marcos, como lo llamaré a modo de simplificación de aquí en adelante, estaba parado en una escalera tipo “tijera” y, para desplazarse pocos metros en vez de bajarse de la misma, cerrarla y llevarla con sus brazos lograba lo mismo de una manera mucho menos extenuante: con sus pies “caminaba” con la escalera, utilizándola a modo de zancos.

Quedé sorprendido, pues por esos días tuve la oportunidad de tener que utilizar mucho una escalera de características similares, sufriendo el cansancio físico y mental que produce el hecho de tener que bajarse de ella, levantarla y moverla unos pocos pasos quizás para alcanzar el nuevo lugar a ser trabajado. De haberlo sabido y de poseer la habilidad que había desarrollado Marcos para desplazarse sin necesidad de descender, hubiera ahorrado mucho esfuerzo y tiempo. Pero claro, la experiencia tiene su valor y probablemente Marcos haya pasado miles de horas sobre una escalera y de trabajar en una obra.

Lo primero que sentí fue, tal como dije, fue sorpresa y de admiración, por la destreza demostrada –y un poco de envidia, quizás. Pero luego sobrevino la reflexión sobre las motivaciones que habían hecho que Marcos desarrollara esta habilidad: cansarse menos y trabajar más rápido.

Lo siguiente fue ponerme en el lugar del empleador: hubiera sentido una gran satisfacción al observar cómo un empleado estaba ahorrando tiempo y esfuerzo a través de un simple cambio en la manera de hacer las cosas, ya fuere porque algún otro se lo sugirió o por propio impulso. Ese ahorro se traduciría más tarde en que la obra se termine con mayor celeridad y que el empleado tuviese más fuerzas para sus próximas tareas, previniéndose de paso la posibilidad de que el mismo sufriera lesiones.

Y en ese momento caí en la cuenta de que me encontraba frente a un fenómeno de sencilla explicación y comprensión pero que, sin embargo, posee un enorme valor y un potencial inmenso en cuanto a las posibilidades de replicación. Este suceso era un ejemplo más de los beneficios inabarcables que se producen en una organización cuando sus acciones tienen un impacto neto positivo para ambos, por más que persigan objetivos diferentes.

Quizás Marcos no estaba pensando en que al hacer ese movimiento la obra se iba a completar más rápido, o que de esa manera prevenía la posibilidad de sufrir una lesión; pero lo cierto es que, probablemente en busca de cansarse menos, Marcos estaba logrando no sólo eso, sino también efectos positivos para sus empleadores, sin verse necesariamente perjudicado por ello.

Y es en ese punto en que los líderes de las organizaciones deben trabajar de manera consistente: para mejorar sus procesos productivos, el servicio que brindan, reducir costos, o sea cual sea su objetivo, deben procurar que las acciones y formas de trabajar que promuevan conlleven también un impacto positivo para sus empleados.

De otra manera, cientos de horas dedicadas al pensamiento, diseño e implementación de nuevas maneras de hacer las cosas (incluidas conferencias y charlas con gurúes, viajes y capacitaciones) se verán con alta probabilidad desperdiciadas. Cuando el empleador y el empleado coinciden, todo es mucho más fácil y se encuentra uno frente a la mejor de las situaciones, en donde todos ganan.

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