Cuando la excelencia es una tragedia

Por Christian Joanidis

La excelencia es algo muy interesante cuando se trata de una cuestión de superación personal. A todos nos gusta ser los mejores, sobresalir, demostrar que podemos hacer mucho. Vivimos en una sociedad competitiva y es natural que nos guste la palabra “excelencia”.

De la mano de la palabra “excelencia” han surgido en el mundo empresarial algunos términos que suelen pronunciarse muy a menudo y hasta con cierta atmósfera mística: “mejores prácticas”, “world class”, “alto desempeño”. Son todos términos que apuntan a la excelencia y que, como bien saben los expertos en marketing que suelen utilizarlos, apelan a lo más profundo de nosotros y nuestra cultura y nos hacen desear todo lo que lleve ese rótulo.

Pero las organizaciones y las empresas en particular, no pueden basar sus decisiones en los deseos de las personas que las conforman, sino en la lógica para la que existen: una organización no está para alcanzar la excelencia, sino para aquello que fue pensada.

Son muchos los gerentes que desean tener sistemas “world class” y aplicar “mejores prácticas” en sus sectores, pero lo cierto es que eso no es una cuestión de voluntad, sino de modelo de negocio. Algunos de ellos dejarían de funcionar si se aplican las “mejores prácticas” del sector. Una parrilla de barrio que aplica las mejores prácticas del sector de la gastronomía tiene que subir tantos sus precios que va a ver reducida drásticamente su clientela. Puede ser una ambición del dueño implementar las mejores prácticas en su parrilla barrial, pero es algo que está lejos del modelo de negocios como está planteado.

Al igual que en el caso de la parrilla, muchos gerentes de empresas que basan su modelo de negocios en los bajos costos quieren implementar mejores prácticas  y sistemas de primer nivel, lo que repercute directamente en un incremento de los costos. Esto atenta directamente contra el negocio y hasta lo puede poner en riesgo. La excelencia se transforma entonces en un arma peligrosa.

Ninguna organización tiene la excelencia como meta, excepto tal vez alguna universidad. Es sólo un medio para obtener aquello que la organización tiene como propósito. Esto hay que tenerlo claro: los medios sólo son válidos en la medida en que aportan al objetivo de la organización, por eso el foco en los medios puede ser cuestionable. Por eso, cuando la excelencia atenta contra el modelo de negocios se pude convertir en una tragedia.

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