Conmigo no…

Por Alejandro Marchionna Faré

No es la idea rememorar aquí la ya emblemática confrontación entre Orlando Barone y Beatriz Sarlo. Nunca quedó duda sobre quién sería la vencedora en el momento y en la perspectiva histórica.

Hoy la reflexión gira sobre el sector público argentino y su vocación de ser el último reducto en el que puedan “acovacharse” los T Rex de este mundo.

Calle San Martín todavía en obra por la peatonalización. Improvisado cartel a mano sobre la puerta del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable. Luchando contra la nostalgia por los nombres más parcos de los ministerios del siglo XIX, la lectura de la hoja de papel manuscrita lleva al shock.

Entre otros NO que expresaba su autor o autora con igual o mayor énfasis: “No a la productividad. Este no es el sector privado, somos empleados públicos”. Y la tremenda disyuntiva: reír o llorar.

Reir – picardía criolla equivalente al famoso grito de “Hell, no, we won’t go” con que los estudiantes norteamericanos de la década de los 60 se negaban a ir a la guerra de Vietnam – sólo que aquí los enviamos a trabajar con diligencia, no a quemar chozas con napalm…

Llorar – la filosofía expresada por esa anónima norteña que lamentaba tener que trabajar para “pagar la olla” frente a entornos más amigables a la vagancia, esa filosofía no se limita a ningún sector socioeconómico – el clientelismo también existe en los cuadros educados del sector público.

Señor empleado del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable: ingrese al siglo XXI, por favor; hay países en que ya hace más de 30 años que hay regímenes de incentivos para que se cumplan las funciones del sector público con diligencia, honestidad y austeridad; en muchos casos se trata de esquemas implementados por partidos socialistas o de centro-izquierda.

El equipo de INTEGRA está dispuesto a colaborar con todas aquellas personas y organizaciones – sean del sector que sean – que buscan cumplir con su propósito en un marco de aplicación de conceptos que no debieron ser cuestionados nunca en la Argentina: la austeridad, la eficiencia en el uso de los recursos, la honestidad.

Sólo con su aplicación pueden el Estado y nuestras empresas convertirse en campeones mundiales. Y nuestra sociedad volver al puesto de liderazgo internacional del que la arrancó el populismo de tantas décadas.

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