De reojo la pantalla – la mirada en la empresa

Por Alejandro Marchionna Faré

Siguiendo el grano del metal

En el mes de agosto pude descubrir a muchos capitanes de empresas mesmerizados por las pantallas de sus PCs. Pero no concentrados en los números de sus resultados sino apabullados por los movimientos en los mercados financieros. El “keep calm & carry on” no ha prendido en Argentina…

Claro, las tasas de interés y el tipo de cambio son variables muy importantes a la hora de decidir cómo financiarse, cómo calcular costos y cómo fijar precios. Vitales como son esas decisiones, de ninguna manera agotan el campo de acción del empresario…

Si uno fija la mirada en un monitor sobre su escritorio, no tendrá la capacidad de mirar lo que pasa en la empresa. El vértigo de las cotizaciones lo atará al escritorio y se perderá de recorrer oficinas y plantas para tomar la temperatura de la organización, para dar fuerzas al desinflado, para alentar a los más proactivos.

Tampoco podrá visitar canales para entender bien y de primera mano qué pasa en ese frente de batalla, ni podrá reunirse con clientes para que le expliquen esa dinámica que observa en el frente.

Prevaldrá la fascinación del corto plazo y de la inminente crisis anunciada, con su carga morbosa de víctimas, culpables y sobrevivientes. ¿Qué buscamos con esa fijación con el mercado financiero? La redención de nuestros problemas financieros quizás, o la solución de nuestras dificultades comerciales dado el entorno inestable.

A contrapelo

A medida que avanzaba la crisis, la obsesión invadió grupos de whatsapp y diversos modos de chateo. El humor depresivo generalizado me hartó y organizamos desde el IGEP (Instituto de Gobernanza Empresarial y Pública, que dirijo junto a Santiago Gallichio), un desayuno con algunos de sus socios para tratar este problema que nos plantea la realidad argentina.

El consenso fue más rápido de lo que pensaba: “tengo que manejar mi empresa, no solamente mis finanzas”. ¿Lo hacen? “Er, bueno, ni. Miro la pantalla cada cuatro minutos, dos minutos, treinta segundos, tres minutos”…

La fuerza de la pantalla es enorme en todos sus formatos. Mis hijos y yo somos rutinariamente sorprendidos mirando al vacío frente a una pantalla sin contenidos apasionantes. Esto es evidencia empírica irrefutable.

Por eso hay que ir a contrapelo. No vamos a salvaguardar ni mucho menos desarrollar nuestras empresas contemplando la información de la coyuntura de mercado. Como máximo debe servirnos para contextualizar los resultados y las medidas que vaya tomando.

El foco de atención del empresario tiene que ser en mapear el futuro camino de desarrollo de su empresa. Por supuesto que tiene que mirar de reojo la pantalla que le muestra qué pasa en el casillero número 1 del juego de la oca.

Pero la mirada, la atención y la voluntad deben estar férreamente orientados al largo plazo. ¿No podemos ver con claridad cómo será el entorno en el largo plazo? Es lo normal. El futuro hay que imaginarlo más que predecirlo o pronosticarlo.

Sin esta anticipación estratégica, sin esta voluntad de construir la organización del mañana, no conseguiremos pasar el bajo desafío que nos presenta el corto plazo, el hilo más bajo del alambrado que separa al presente de nuestras empresas de su futuro trascendente. La mirada firme en el largo plazo y de reojo, claro está, la pantalla.

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