La empresa argentina ante el Covid-19

Por Alejandro Marchionna Faré[i]

Tradicionalmente, se espera del empresario que tenga la capacidad de mirar el largo plazo, anticipar oportunidades e identificar amenazas, al mismo tiempo que vela por el correcto funcionamiento de su compañía. En los primeros meses de 2020, nuestras cabezas -y nuestras pantallas- estaban absorbidas por los problemas más inmediatos de la economía local, que no eran más que la prolongación en el tiempo de las dificultades por las que atravesamos en 2018 y 2019,

Al mismo tiempo, apareció un cisne negro llamado Covid-19. Al comienzo del año y desde lejos, este virus se percibía como un problema sanitario en una provincia china. Algunas semanas después, en un salto importante, entró a la pantalla como un problema sanitario en países más cercanos -en historia y sentimiento- a Argentina: Italia, Francia, España. Mirábamos fotos y videos de esos países con cierto pavor y angustia – era como ver a nuestros primos jugándose la vida. De a poco, empezó a calar la idea de que detrás de la enfermedad y la cuarentena, había un tejido económico que se estaba rompiendo…

Una mañana nos enteramos de que nuestro propio país entraría, dentro de dos días, en una cuarentena criolla. Corrimos ágilmente a estructurarnos para un período de home office que parecía que tendría una duración de dos o tres semanas. Ya dos días dentro de las cuarentenas nos bajó la ficha: ¿qué negocio podríamos sostener con este arreglo del home office?

La pausa obligada nos llevó a pensar. ¿Cuántas empresas no iban a poder operar y por lo tanto facturar y eventualmente cobrar por sus productos o servicios? Constructoras. Restaurantes. Cines, teatros, espectáculos. Fábricas no alimenticias. Retail (excepto farmacias y alimentos). Medio país parado…

Y entonces, casi por definición, la clásica ruptura de cadena de pagos argentina:  nadie paga – nadie cobra!!!

Mientras tanto, la AFIP (y sus hermanas menores provinciales) continúan impertérritas con la mano extendida -la voracidad fiscal no sabe de cuarentenas. Los bancos, por su parte, intentan copiarla.

El shock se produce cuando el empresario se da cuenta de que será muy difícil que la operación durante la cuarentena sea verdaderamente viable sin el aporte de la cobranza de facturas anteriores. Cuanto más se alarga la cuarentena, más se debe afilar el lápiz para calcular cuál es la función de consumo de cash del momento, comparar contra hipóteticas -y poco probables- cobranzas y la existencia de reservas.

Pero el tema crucial para reflexionar durante esta pausa es si post-cuarentena el negocio será viable en un escenario que será diferente al del punto de partida del aislamiento. Puede haber caído fuertemente la demanda por mi producto. Quizás los clientes no perciban ya el valor que antes los llevan a comprar. Esto puede llevar a precios más bajos y condiciones comerciales más favorables para el comprador. Quizás haya insumos que ya no se produzcan más en el país.

Muchos empresarios estamos haciendo pininos para sortear estas heladas aguas lo más rápido posible, pero ¿y si no fuera negocio en el futuro el modelo que concebí y me había funcionado hasta ahora? ¿Y si el negocio actual no funcionara más? ¿Qué podría hacer? ¿Puedo desarrollar otro negocio atractivo y rentable?

De repente, la agitación operativa típica de una crisis con el Covid-19 se convierte en angustia estratégica. ¿Tengo que pensar en otra actividad, otro negocio? ¿Puedo hacerlo? – quizás no disponga de los medios para hacer las inversiones necesarias. ¿Quiero? – quizás tenga una edad a la que ya no quiera hacer el esfuerzo diario de crear algo desde cero.

Quizás el dilema más fuerte sea en el caso de que el empresario no sobreviva o sobreviva debilitado el paso de la pandemia. ¿Qué pasa entonces con la empresa?

La actual pandemia nos ha obligado a recluirnos en nuestras casas. Inevitablemente tendremos más tiempo libre. Ese tiempo libre puede muy bien ser consagrado a contestarnos la mayor cantidad de preguntas que se pueda. Disponer de las respuestas a estas preguntas generará un material estratégico de una gran riqueza para darle un fuerte espíritu de crecimiento al negocio una vez pasada la cuarentena.

Porque lo último que tendríamos que hacer sería tirar la toalla…

[i] Presidente de Integra Negocios, la consultora de la mesa chica de las empresas. Consultor en estrategia desde 1985. Secretario de la C.D. y presidente del Comité Académico del Instituto de Gobernanza Empresarial y Pública (IGEP). Fellow y Chartered Director del IOD (Gran Bretaña). Doctor en Dirección de Empresas (UCEMA).

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