El Covid-19 y su impacto en la estructura societaria de las empresas

Por Christos Christou [i]

Aparición y retroceso de la pandemia

La pandemia de Covid-19 ha afectado a todas las empresas, tanto grandes como pequeñas. La respuesta de muchos gobiernos ha sido facilitar el acceso al crédito para ayudar a que las empresas continúen operando, aun cuando no estaban en condiciones de cumplir con todas sus obligaciones crediticias. Esto se hizo extendiendo plazos de pago de deudas y también a través de programas directos e indirectos de transferencia de fondos.

A medida que avancen los programas de vacunación masiva y la pandemia empiece a retroceder, los gobiernos comenzarán a retirar el apoyo que le han brindado al sector privado y las empresas deberán volver a contar únicamente con sus propios recursos. Este escenario es bien conocido para gerentes y dueños: cuando los gobiernos retiren su apoyo, quedará a la vista cuáles compañías han logrado tener una “buena” pandemia y cuáles habrán sido víctimas del Covid-19.

Por lo general, el apoyo financiero que brindaron los gobiernos a las empresas se concretó de dos maneras: en primer lugar, a través de préstamos para facilitar la retención de empleados; y, en segundo lugar, garantías para acompañar el repago de sus deudas bancarias. Estas garantías no implican que las compañías no pretenden honrar sus obligaciones, sino únicamente que, si se vieran imposibilitadas de hacerlo, el gobierno asumirá esos compromisos.

Muchas compañías se avinieron a este esquema de endeudamiento incremental, acompañado de garantías gubernamentales, con el resultado obvio de tener ahora balances con mayores niveles de deuda – en algunos casos, significativamente mayores que en la época pre Covid-19. Estos pasivos inflados traen aparejados un interrogante: ¿podrán estas empresas cumplir con sus obligaciones, o no?

Consecuencias financieras

Más allá de los mayores niveles de endeudamiento, el Covid-19 ha impactado en la mera capacidad de muchas compañías de honrar sus pasivos: los ingresos y flujos de fondos han sufrido golpes fuertes. Cuando la deuda acumulada excede la capacidad de endeudamiento de una compañía, se vuelve inevitable llevar adelante una reestructuración de los pasivos.

La reestructuración de deuda por lo general involucra una o más de las siguientes medidas:

  1. Quita de deuda: se reconoce que el deudor no será capaz, ni ahora ni nunca, de devolver la totalidad del monto adeudado.
  2. Extensión de plazos: al extender el período en el que la empresa debe devolver la deuda, el monto de cada pago será menor – y, por lo tanto, más sustentable
  3. Cambio de deuda por acciones: si las dos estrategias anteriores no fueran suficientes, la deuda deberá ser convertida en capital para equilibrar el balance de la empresa y recuperar su viabilidad económica.

Claro está que, en algunos casos especiales, algunas compañías podrían optar, preventiva y proactivamente, por incorporar nuevos capitales, tanto de accionistas existentes como nuevos. De esta manera, podrían robustecer sus balances y evitar el mal trago de verse forzados a aceptar términos y condiciones de los acreedores de la empresa.

Las compañías públicas, que cotizan en bolsa, pueden hacer esto vía emisión de Obligaciones Negociables. Las que pertenecen a inversores financieros, como fondos privados de inversión, pueden solicitar inyecciones adicionales de capital a sus dueños. Las empresas privadas son las que tienen menos opciones para, preventiva y proactivamente, incorporar capital – sobre todo si son empresas familiares.

Más allá de cada situación particular, todas las empresas deberían adoptar una actitud proactiva tanto para diagnosticar correctamente los desafíos financieros a los que se enfrentan como para identificar y ejecutar estrategias para enfrentarlos. La alternativa – esperar a que pase la tormenta – implica el riesgo de que se deba aceptar cláusulas desfavorables; incluso, que, a partir de un cambio de deuda por acciones, se diluya fuertemente o desaparezca la posición de los accionistas existentes.

Por esto, creemos que los equipos gerenciales y los dueños deberían estar haciéndose las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál es la capacidad de endeudamiento de mi empresa? ¿Hasta dónde podría crecer cuando se restablezcan condiciones más normales en el mercado?

Podemos ayudarlo a determinar su capacidad de endeudamiento y acompañarlo en las comunicaciones con sus acreedores para consensuar un nivel de endeudamiento aceptable para ambas partes. Nuestro equipo cuenta con especialistas que han reestructurado pasivos y saben cómo los acreedores suelen abordar estas problemáticas.

  • ¿Podemos afrontar nuestros pagos de deuda sin necesidad de una reestructuración y ampliación del capital, ya sea de forma directa o a través de cambio de deuda?

Podemos ayudarlo a definir si su compañía puede reestructurar su balance sin afectar la estructura societaria. Nuestro equipo incluye especialistas que tienen experiencia en lograr este objetivo a través de negociaciones con acreedores.

  • Si hubiera que reestructurar el balance, ¿esto implicará cambios en la estructura patrimonial de la empresa? ¿Cómo se puede minimizar la dilución de los accionistas?

Si fuera necesario afectar el patrimonio de la empresa, nuestro equipo puede ayudarlo a minimizar la dilución de los accionistas actuales. Nuestro equipo cuenta con especialistas experimentados en liderar transformaciones financieras y operativas. Nuestros años en el mercado nos han enseñado que, en la gran mayoría de los casos, la única manera de que los accionistas mantengan el control sobre su compañía durante una reestructuración importante es demostrando que, más allá del difícil presente de la empresa, siguen siendo los que están mejor capacitados para liderar el proceso de transformación radical que le devolverá a la empresa su salud económica y financiera, recuperando así su valor para todos los stakeholders – incluidos los acreedores.

Posibles soluciones…

Como mencionamos previamente, la pandemia ha dejado heridas en muchas empresas. Lamentablemente, algunas de ellas no podrán continuar operando bajo sus estructuras societarias actuales – o directamente han desaparecido. Sin embargo, hay una gran cantidad de compañías que pueden sobreponerse a sus dificultades actuales, siempre y cuando que sus cuadros directivos reconozcan la necesidad de diseñar e implementar un proceso de transformación integral.

Nuestro equipo de consultores ha participado en una gran cantidad de procesos de este tipo en diferentes industrias de varios países. La disciplina y metodología que aumentan las probabilidades de conducir estos procesos con éxito son relativamente simples e incluyen:

  • Reconocer la criticidad de la situación: aceptar la existencia y gravedad de los problemas es el primer paso para resolverlos.
  • Liderazgo firme: es virtualmente imposible completar un proceso de transformación sin un liderazgo de alta calidad, ya sea interno o externo.
  • Consenso y compromiso: un buen proceso de transformación debe contar con la aprobación de todos los stakeholders, quienes además deben tener el coraje para llevarlo a cabo.

Una empresa debe comenzar un proceso de transformación cuando se ve incapacitada de cumplir con las expectativas de sus stakeholders. Par que este proceso sea exitoso, es clave que los stakeholders reconozcan y concuerden que dicho proceso quizás no logre los resultados óptimos para alguno/s de ellos, pero que de todos modos mejorará la posición general del grupo. Si, por el contrario, alguno/s de los stakeholders se concentran exclusivamente en lograr sus objetivos, pueden terminar tomando a la compañía o a otros stakeholders de “rehenes” y dinamitar el proceso de transformación – y, a la larga, su propia posición.

Un caso local

Recientemente, IMPSA fue rescatada por el gobierno nacional de Argentina y la provincia de Mendoza a través de una combinación de quita de deuda, cambio de deuda por acciones y una inyección de capital privado. Como consecuencia, los gobiernos nacional y provincial se convirtieron en accionistas mayoritarios de la compañía; algunos acreedores también lograron una posición relevante. La familia fundadora, cuyo apellido está en el nombre de la empresa, vio diluida su posición accionaria hasta un 5% del total de las acciones.

Sin dudas, el rescate de IMPSA fue una buena decisión, ya que salvaguarda empleos y know-how en una industria clave para la provincia de Mendoza – y para Argentina. Queda claro que los problemas a los que se enfrentó la compañía – en particular, sus mayores niveles de endeudamiento para financiar su expansión en mercados vecinos – había debilitado su balance. La pandemia terminó de darle el golpe de gracia, provocando esta reestructuración.

IMPSA y sus accionistas no tuvieron la oportunidad de encarar sus problemas crediticios de forma proactiva – y se vieron forzados a sacrificar su posición accionaria en pos de mantener viva su empresa. Pero este escenario no tiene por qué ser el suyo.

Una actitud proactiva puede ayudarlo a evitar este destino…


[i] Experienced Senior Advisor and principal investor with a demonstrated history of working in the management consulting industry and in private equity, including as an interim turnaround general manager. Skilled in Finance, Business Development and Strategy. Experienced in Venture Capital, Private Equity, Investment Banking, and Emerging Markets. Particular interest and strength in corporate and family governance with 25+ years of experience as non-executive director in privately held businesses at different stages of development from start-up to mature, across different industries (including FMCG, Transport, Services) and in different countries (UK, Russia, Belgium, Tunisia, Lithuania, Slovenia). Experienced and effective negotiator. BsCE Electrical Engineering (Imprerial College, 1st Class Honours) and MBA from Harvard Business School.

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